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Alejandro de la Sota, Gimnasio maravillas

Reportaje sobre el Gimnasio maravillas de Alejandro de la Sota.

La Dirección General de Patrimonio ha declarado el Gimnasio Maravillas, del arquitecto Alejandro de la Sota, Bien de Interés Cultural. Aunque se ha convertido en un centro de peregrinación para cientos de arquitectos de todo el mundo, el gimnasio madrileño es poco conocido por los ciudadanos.

A continuación clicando sobre la imagen, podréis acceder a un interesante reportaje de La 2 sobre dicha noticia.

La protección del edificio se enmarca en un proyecto para divulgar la arquitectura moderna.

Alejandro de la Sota aprovechó al máximo el espacio y convirtió un encargo convencional en un hito. Le pidieron un gimnasio y él les dio un polideportivo, unas aulas, unas pistas al aire libre y un sótano que se convertiría más tarde en una piscina.

En vez de usar pilares, empleó grandes cerchas invertidas y en sus huecos, colgadas sobre el gimnasio, metió varias aulas con forma de auditorio. Los materiales de construcción se dejaron por primera vez a la vista en un innovador gesto de coherencia y austeridad que influyó sobremanera en posteriores generaciones de arquitectos.

Además a continuación compartimos un interesante articulo de Lluis Comerón sobre la obra de Alejandro de la Sota.

De la Sota y la virtud de la exactitud.

En una primera lectura,, tanto las obras como los escritos de de la Sota nos sitúan ante una actitud radicalmente racionalista.
En sus proyectos “Se plantea un problema en toda su extensión, se ordenan todos los datos que se hacen exhaustivos, teniendo en cuenta todas las posibilidades de resolver el problema, de todas las maneras posibles. Se estudian todas las posibilidades materiales de construir lo resuelto en lo que ya han entrado estas posibilidades…”
En todas sus obras se establece un discurso lógico que proporciona una explicación completa y convincente de las mismas.
Incluso los temas recurrentes del trabajo del Arquitecto (tecnología, ligereza, precisión, simplicidad,…) se plantean como factores racionales, desprovistos de contenido ideológico.

Sin embargo, de forma parecida a lo que sucede en muchos de los relatos de Borges, cuando nos adentrarnos en cualquiera de sus proyectos, por debajo del “discurso de la razón” aparece, en un segundo plano, otra lectura, que acaba por desvelarse como la auténtica protagonista, la verdadera generatriz del proyecto.
Se trata de “La Idea” del proyecto, priorizada de forma neoplatónica, como referente esencial de lo material.

Se trata, pues, de llevarnos al terreno de las ideas, a “gozar de las cosas allí donde casi dejan de serlo” . El objetivo del arquitecto es la “invención” de la idea y su compromiso es la difícil transmisión de la forma más exacta posible.

Al servicio de éste objetivo pone de la Sota todo el proyecto.
La doble lectura de sus obras no es más que una estrategia para reforzar la importancia de la idea, manteniéndola reservada y ofreciendo su descubrimiento al propio observador, para reforzar así su impacto.
La simplicidad de formas y austeridad en los materiales y acabados no es, por tanto, un objetivo en sí mismo sino un medio parta conseguir “esa perfección de dentro, esa elegancia imposible, tan ligada a esa imperfección aparente,”  que de la Sota admira en Le Corbusier.

El afán idealista de de la Sota puede verse resumido en la definición de la virtud de la Exactitud, tal como la presenta Italo Calvino.
“Un diseño de la obra bien definido y bien calculado.
“La evocación de imágenes nítidas, incisivas, memorables…
“El lenguaje más preciso posible, como léxico y como expresión de los matices del “pensamiento y de la imaginación.”

 

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