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Norman Foster: “Lo único constante es el cambio. Yo creo en el futuro”

Norman Foster protagoniza una exposición en Madrid que desafía al tiempo.

Interesante entrevista con Sir Norman Foster: un visionario de la arquitectura.

Ha diseñado la nueva sede de Apple, el aeropuerto más grande del mundo y el viaducto más alto. Pero eso es el pasado y a Foster le interesa el futuro: un puerto de drones en Ruanda, casas en la Luna…

Viene directo de Cupertino, California. Ha estado allí, en el enorme auditorio Steve Jobs, con capacidad para mil espectadores, cuando Tim Cook ha mostrado al mundo el iPhone 8. Norman Foster tenía que estar allí. Él es el arquitecto del nuevo cuartel general de Apple, un complejo gigante, con un edificio central con forma de nave espacial, rodeado de árboles y con los más sofisticados avances en sostenibilidad y tecnología.

Foster ha venido a Madrid para acudir a los preparativos de Norman Foster. Futuros comunes, la gran exposición sobre su trabajo organizada por la Norman Foster Foundation y Fundación Telefónica, que se mostrará a partir del 6 de octubre en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid.

Exterior del edificio de la Fundación Norman Foster

Recién aterrizado, se ha hecho 50 kilómetros en bicicleta por la Casa de Campo de Madrid. Después cumple religiosamente la agenda que le ha organizado su equipo. Va de un sitio a otro sonriente, con una agilidad sorprendente para un señor de 82 años al que parece que no le afecta el jet lag.

¿Usted no descansa?
Norman Foster. Duermo poco, aprovecho a hacerlo en los aviones, pero solo si es de noche, nunca de día. Y tengo la suerte de que mi cuerpo se adapta a la hora del sitio al que llego.

¿Cómo surgió la idea de esta exposición?

N.F. Cuando cumplí 80 años, mi mujer [Elena Ochoa] me organizó una fiesta sorpresa. Vino gente de todo el mundo, uno de ellos era Fred Olsen, la primera persona que me encargó un edificio. Comentamos que en aquel proyecto ya había muchas cosas que ahora están en la nueva sede de Apple y mi amigo Luis Fernández Galiano sugirió que podríamos mostrar el trabajo de cinco décadas de preocupación por el medioambiente y la sostenibilidad. A mí es algo que me obsesiona desde los años sesenta, mucho antes de que se inventara la arquitectura ecológica.

Apple Park Campus en Cupertino USA
Lo más difícil del edificio de Apple ha sido hacerlo sin Steve Jobs. Era su visión. Él imaginó la estructura circular, los árboles de su infancia…

¿Qué ha sido lo más difícil de Apple Park?

N.F. Estar allí y que Steve Jobs no estuviera. Porque era su visión. Hablamos de ello ya en nuestro primer encuentro hace justo ahora ocho años. Steve describió su visión: el edificio principal, de cristal y piedra; me describió los árboles frutales de su juventud, imaginó el auditorio para mil personas… Me dijo: «No pienses en mí como el cliente, piensa en mí como en un miembro del equipo».

¿Cómo es el lugar de trabajo ideal? Ahora proliferan las empresas-ciudad.

N.F. He pensado en ello durante los últimos 50 o 60 años. Debe ser un sitio al que quieras ir y donde quieras estar, que te dé libertad, un lugar donde se respire aire puro y donde las fronteras entre trabajo y ocio se diluyan. Hace décadas que construimos edificios con piscina en ciudades donde no había piscinas, con jardines en el tejado, con vida natural alrededor, con grandes cafeterías, zonas de juego. Y en muchos casos hemos sido capaces de demostrar que puedes romper barreras sociales y puedes mejorar la calidad de vida en tu lugar de trabajo. Pasamos más tiempo allí que en ningún otro sitio.

¿Y qué pasa con el sueño de trabajar desde casa?

N.F. Ha habido muchos vaticinios sobre eso, decían que haríamos todo desde casa. Pero la realidad es que proliferan los congresos y las iniciativas de juntar a la gente. Ahora hay más oportunidades que nunca para reunirse. La gente no se está quedando en casa. Podríamos charlar desde casa usted y yo…

Yo prefiero hacerlo en persona.

N.F. Claro, está en la naturaleza del ser humano. Queremos juntarnos. Es la esencia de la ciudad, por eso más y más gente está viviendo en ciudades.

Apple Store en Dubai

La masificación conlleva problemas.

N.F. Es la historia de la civilización, ¿qué es lo nuevo? La gente sigue necesitando la comunicación. Ahora utilizamos ordenadores y teléfonos, antes usábamos bolígrafos… Todo cambia, pero nada cambia.

¿Le preocupa el futuro?

N.F. Si no creyera en el futuro y no fuera optimista sobre él, no podría haber sido arquitecto.

¿Vamos a vivir en la Luna? ¿Lo veremos nosotros?

N.F. La respuesta a lo primero es ‘sí’ y la respuesta más probable a lo segundo es ‘sí’, pero depende de quién, algunos más que otros [se ríe].

Sus proyectos de alojamientos en la Luna y en Marte son muy futuristas.

N.F. Los equipos con los que trabajo y yo disfrutamos con los retos y, si la Agencia Espacial Europea y la NASA te dan la oportunidad de explorar, hay que aprovecharla. Lo mejor de los retos es que también son oportunidades de aprendizaje. Aprendes cosas que puedes aplicar en otros proyectos.

“En la luna hay que contruir con material local. El regolito, un polvo mineral, y crear estructuras inspiradas en los huesos”

¿Por ejemplo?

N.F. Es muy caro llevar algo a la Luna. Así que procuras construir con material local. Hemos pensado en el regolito, que es un polvo mineral. Utilizaremos robots para crear estructuras inspiradas en los huesos (las estructuras humanas y animales son muy fuertes). Las cubriremos con capas de regolito. Puedes aplicar esos conocimientos en otros proyectos como el Droneport (un aeropuerto de drones) de Ruanda, una idea para suministrar medicinas a sitios de África donde no hay infraestructuras para el transporte.

Proyecto de viviendas en la Luna

¿De qué manera?

N.F. Utilizas la tierra que está alrededor. Te fijas en lo que hacen las comunidades locales. Hay una retroalimentación.

¿Trabaja también en un proyecto, Masdar City, para crear un Silicon Valley en el desierto de Abu Dabi?

N.F. Es una serie de experimentos, múltiples, como una universidad científica. Lo hacemos sin ningún combustible fósil. Con el poder del Sol. La idea es que sea cero CO2 y cero desechos. Es posible lograrlo si aprendes de los edificios del desierto: antes del carbón, antes de que dieras a un interruptor y se encendiera una luz también había una tecnología. Cómo orientar las construcciones, cómo crear sombra, buscar la brisa, crear patios con vegetación… La acumulación de esas lecciones antiguas y la tecnología de hoy en día pueden crear algo muy bonito que no contamine el planeta.

Recuerda a la Alhambra.

N.F. Es eso exactamente. Son las lecciones de la arquitectura morisca en España. Es muy bonito. Y es atemporal, eterno.

Estará muy preocupado con la política medioambiental de Trump.

N.F. Mi amigo Michael Bloomberg ha sacado el libro Clima de esperanza con el ecologista Carl Pope. Todo el mundo de mi estudio tiene un ejemplar porque habla de algo que ya está pasando, que es que la combinación entre individuos, alcaldes, líderes de la industria y de las universidades… todos pueden actuar juntos e intervenir en el tema del cambio climático. Lo vamos a ver. California, por ejemplo, está implementando muchas iniciativas medioambientales. Incluso gobiernos como el de la India empiezan a hacer cambios. Por supuesto siempre se puede hacer algo más, pero hay visos de que las cosas van a ir mejor.

Le gustan los cambios.

N.F. Lo único constante es el cambio. Lo nuevo es la velocidad del cambio, que ahora es mucho más rápido. En cada época, los cambios han horrorizado a algunos mientras que otros estaban ansiosos porque sucedieran. En el acto de apertura de mi fundación se vio esta polarización, había dos individuos que hacían como de cheerleaders de ambas posturas: de un lado, el historiador Niall Ferguson y, del otro, Nicholas Negroponte, fundador del MIT Media Lab, que decía: «Puedo ver el día en el que te tragues una píldora que te haga hablar en español o en francés». Esa es la historia de la civilización: siempre entre el día del juicio final y sus distintas interpretaciones, y lo único que siempre tendrás: el cambio.

Entrevista de Fátima Uribarri

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